jueves, mayo 19, 2011

El Espejo. Las posibilidades y juegos de un lenguaje.

El Espejo. (Ayneh )/ Dir: Jafar Panahi. / Iran. 1997. 95 min.








El Espejo. Las posibilidades y juegos de un lenguaje.
Lo que vemos, aun sin saberlo, son sólo reflejos.

Esta película de Jafar Panahí, se define en dos bloques, planteando así la formalización de la propuesta y entrando además, en esas búsquedas que ha tenido de alguna forma el cine iraní: la reflexión sobre el mismo cine, sobre la relación de realidad y ficción, además del lenguaje y su utilización.

En el primer bloque asistimos a una ficción con un conflicto aparentemente sencillo, pero, de un universo tan grande que necesitaríamos tener nuevamente la edad del personaje para poder comprenderlo.
Ya lo decía Truffaut: —con su gran preocupación siempre por la infancia— el universo de los niños debe ser filmado con respeto, lo cual significa dimensionar los problemas a razón de su ser, tanto como sus posibilidades e imposibilidades y la razón de mirada. En este aspecto Panahí da una gran muestra de dominio formal, pues describe magistralmente ese universo de una mirada para quien, sin lugar a dudas, todo es más grande y complejo, logrando además con sensibilidad justa y recursos certeros, darnos tanto la posibilidad de vislumbrarlo claramente, como de plantear en pequeñas situaciones la posibilidad de irnos independientes por otras historias que estarán ahí para los ojos inquietos.

El desarrollo de la historia tendrá un giro inesperado, un reflejo levemente deformado donde el titulo de la película cobrará hermoso sentido, y para quienes creen no encontrar en lo mínimo la posibilidad de grandes cosas, una nueva reflexión que tal vez los mantenga con más fuerza atentos a la ilusión.
Este giro, donde el juego del titulo es evidente, da la posibilidad —sin importar si es ficción o realidad— de desprenderse de aspectos formales, explorar la riqueza de lo que, quizás en forma de limitante, han llamado lenguaje audiovisual, rigiendo sus posibilidades a convencionalismos. Por otra parte, lejos de personajes, dejará sobre la pantalla a seres que figuran llenos de vidas, de problemas, de reflexiones, que están ahí donde el encuadre los señala, como lo estarían sin la presencia de la cámara.
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Gustavo Anaya.